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Sus ojos verdes azulados, su piel blanca, su mirada tierna y ese pelo negro ondulado que se dejaba acariciar con el suave viento, lo cautivo de tal manera que supo, en ese mismo instante, que quería envejecer junto a esa hermosa mujer.

La vio por primera vez una mañana de esas en las que, tímido, el sol jugaba con las sombras de los árboles.

Él, manejaba su moto, una clásica Gilera. Anteojos de sol, bigote a la moda, peinado hacia atrás. Todo lo que creía saber de la vida y el amor, se había esfumado con solo mirarla. Su corazón latía de una manera distinta, su pulso se aceleraba al verla. Su vida había cambiado para siempre.

Cruzó la antigua ciudad, de calles polvorientas y sembradíos humildes cientos de veces para observarla caminar junto a su madre, cada vez que terminaba la misa de la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced. El recorrido era casi una tradición e incluía un breve paseo por la Plazoleta Baigorria, ubicada frente al cementerio San José.

Ese camino, se convirtió para él en una obsesión y no pasaba nada más por su mente y su corazón que el deseo de cruzar una mirada y obtener ese saludo y esa aprobación para presentarse.

Su sueño se cumplió un día y él sintió que el universo, Dios, el destino, el entendimiento y el amor los cobijaría para siempre. Así fue.

Emociona solo imaginarlos hablar y mirarse a los ojos, como hoy lo siguen haciendo.

Desde el mismo día en el que se conocieron, nació un amor que ha perdurado y se ha afianzado con los años. Cuantas situaciones debieron afrontar juntos, por ellos y por sus hijos. Cuanto sacrificio y dedicación. Cuanto amor. Cuanto ejemplo!

La vida los fue poniendo a prueba y cumplieron 50 años de un amor inagotable. Medio siglo de acompañamiento, de amistad, de aprendizaje y de entendimiento.

Tuvieron cinco hijos: Mabel, Ana, Carina, Gustavo y Yanina. Ya tienen 11 nietos y un bisnieto y a cada uno aman con la misma intensidad.

Lidia Raquel Páez y Eusebio Ramón Díaz, saben lo que significa respetar, entender y fundamentalmente amar.

Han pasado 50 años y este 8 de octubre en un salón de la ciudad, renovaron esa mirada que los unió para siempre. San Luis VIP no quiso estar ausente.